jueves, 14 de noviembre de 2013

Auténticas rosas

Cuando me acuesto en la cama me gusta pensar en rosas.
Rosas silvestres, rosas de almíbar, dulces de rosas.

En mi afán de ser rosa, elijo una diferente cada noche para contemplar y desnudar de color. Si el desvelo me lo permite la pinto de azul. Luego la doro a la luna y termino por buscar algún pétalo descosido que pueda chorrear en mis labios.
Y chorrean azules montando el crepúsculo.
Crepúsculo de mi creación de rosas.

Rosas espesas, rosas cristalinas, molinos de rosas.

A las más complejas les dibujo un sombrero de hongo.
A las menos retorcidas las baño en azúcar.
Y quien sea la afortunada rosa, deberá sonreír, porque en mi jardín soy reina y dueña de todas las rosas.

Rosas cándidas, rosas morenas, pieles de rosas.

Todas saben que antes del amanecer me perderé en algún laberinto de pétalos. Que dormiré acurrucada en su cálida corola. Entonces, tal vez algo pase en Borgoña. Se bailará una polka o se entonará un Kyrie. Todo será posible en mi auditorio, auditorio del aire del disimulo de rosas.

Rosas estridentes, rosas perforadas, violines de rosas.

Con la punta de mis dedos rosaré cada uno de sus tallos hasta encontrar el aguijón, y el almíbar subirá intravenoso hasta encontrar el crepúsculo.

jueves, 15 de agosto de 2013

Milena, la de los ojos violetas

Por las noches Milena, la de los ojos violetas, se asomaba al río, el llamado Aqueronte de las almas muertas. De cerca proyectaba su rostro entre las sombras. Se miraba. Se reía. Se volvía a mirar. Su belleza era tan pálida que iluminaba las aguas como la luna el horizonte. Pasaba horas y horas frente aquel río hasta perder noción de las estrellas. Un oso la observaba de lejos con disimulada obediencia, comía pétalos dorados de jazmín. Milena sintió una contracción en el vientre. De sus manos cayeron gotas que alimentaron al río. Luego pudo verlo entre los árboles, sus ojos negros. Allí se quedó dormida. La noche siguiente volvió al río, esta vez en busca de la criatura. Estaba empapada de rocío. Apareció el oso con su hocico dorado de nuez.

-Tú eres Milena, la de los ojos violetas.
-Sí.
-Mañana tendremos un hijo…
Ella no sonrió. Lo besó en el hocico y le dijo.
-Vivirá en este río, pero podrás mirarle todas las noches.

El oso la abrazó con su melena húmeda. Luego desapareció. Milena volvió a mirarse entre las sombras. Su pelo había oscurecido y de sus manos chorreaban pétalos de jazmín. Al amanecer la rodearon las hierbas y los hongos empezaron a crecer.

sábado, 1 de junio de 2013

El día que volví al campo

El día que volví al campo el eucalipto estaba negro. Un rayo lo había hechizado para siempre. Olía a tizón de poleo disecado. La inquisición de los cedros medievales había comenzado, perseguidos por el otoño romano. Entre los arbustos llovían luciérnagas con alas verdes. Me pregunté si el tiempo había pasado para ellos como para mí. Si me habrían extrañado. Reconocí dos nidos de hornero ocultos detrás de las columnas de hormigón gris. Me pregunté si seguirían cocinando aquella fina sopa de legumbres que había probado hace siglos, acompañada por la comunidad de calabazas exóticas que crecía en los lugares más remotos del jardín con sombreros de pino en sus cabezas. Por la noche, el perro y la luna tuvieron un romance frugal. Yo pinté un caballo en la galaxia que por cierto, me recordó al día en que nací.

viernes, 3 de mayo de 2013

Querido psiquiatra

Hoy me ha dejado sin aliento. Hemos trabajado largas y arduas drogas, digo horas, en repetidas sesiones y aún así me siento más perdido que encontrado. No entiendo muy bien esto del niño con miedo y encerrado ¿es que acaso no hay salida? ¿estaré volviendo al A-B-C? ¿a ahogarme en una pileta?

El psicoanálisis me ha perforado el pecho y ahora me siento, por primera vez de verdad, huérfano. ¿Qué medicación me recomendaría usted, honorable doctor y médico, graduado y posgraduado, para el niño con miedo? ¿Existe una poción mágica para los desamparados como nosotros? Gracias a las pastillas que usted me dio, que me costaron la mitad de mi sueldo, pude dormir 6 horas en vez de 3. Sísí, eso es muy bueno doctor... aunque durante el día camino sobre nubes de helio y me laten algunas venas en la pantorrilla de manera inusual. Tampoco siento los dedos de los pies y el antidepresivo me ha quitado el apetito, me sube el corazón a la glotis cada vez que me levanto y últimamente solo puedo pensar en el nervio perineo que me molesta constantemente. En casa he intentado estimular el abdomen para recuperar el espíritu que hace tanto no come ni respira. Eso lo aprendí de Platón.

Querido doctor, día y noche paso caminando del sillón a la cama y de la cama al inodoro. Mi único rumbo fijo es usted. Es mi único contacto vivo en el mundo. Querido doctor, por favor, no me abandone.


miércoles, 10 de abril de 2013

Ya no te escondas Fermín...

Fermín…Ya sal de ahí… Te dije que no te escondieras detrás de la heladera… Si te has confundido con dulce de uvas ya sabes, no es mi culpa, ahora eres miel y quiero verte los ojos. Vamos Fermín... me prometiste que cantaríamos una canción ridícula, que escribirías una obra de teatro para mis muñecas, ¿dónde ha quedado todo aquello? Es que las mentiras ensucian tu boca y la vuelven filosa Fermín. ¿Sabés qué? Mejor te dibujo en la vajilla para escupirte en los ojos y dejarte sin luz. Oh no, no, perdón, quiero decir… mejor es besarte por la mañana en secreto y que tus labios mojen mi mejilla. Es que Fermín… deseo tus montañas… dámelas por favor. Pero de nuevo te escondes en ellas y desde una galaxia monstruosa me derrites la punta de los dedos. Ahora por tu culpa ya no podré acariciarte en la noche… mejor dicho, en mis sueños. Aunque puedes arrepentirte y regalarme un frambuesa bañada en oro o en tu sangre. Eso me haría feliz Fermín, me haría despertar… ¿No te gustaría? Bueno, veo que no. Y ya no te hagas el vikingo valiente que puedo ver tus piecillos muertos de vergüenza asomarse por el furgón de alimentos. Otra vez lo repites como todas las noches. ¿Cuándo voy a probar tus caricias? Estoy por ahogar tus flores en el silencio de mi mesa de luz, con gasas y velos transparentes que destiñan sus colores.
Pero no puedo dormir…
Ven por favor Fermín…
Te lo suplico.